De Kant a Hegel: la razón se vuelve historia


Immanuel Kant (1724–1804) había colocado en el centro de la filosofía moderna la razón como principio de conocimiento, moralidad y libertad. En su sistema, el sujeto racional no solo conoce el mundo, sino que también se da a sí mismo las leyes morales mediante la autonomía de la voluntad. La libertad, para Kant, no es hacer lo que uno desea, sino obedecer la ley que la propia razón reconoce como universal. Sin embargo, su pensamiento mantiene una separación: entre el mundo del fenómeno y el de la cosa en sí; entre la naturaleza, regida por la causalidad, y la libertad moral, regida por la ley práctica.

El filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770–1831) considerará que esa separación kantiana es una fractura que debe superarse. Para él, la razón no puede quedar confinada en un individuo aislado ni en un plano abstracto: la razón es el movimiento mismo de la realidad, que se despliega históricamente. La libertad no es solo interior o moral, sino un proceso que se realiza en la historia, en las instituciones y en la vida colectiva.

En la filosofía hegeliana, el mundo no es algo dado sino algo que se hace racional: cada etapa histórica expresa un momento del desarrollo del Espíritu (Geist), que se realiza a través de contradicciones y superaciones. Esa dinámica se conoce como dialéctica: toda realidad contiene tensiones internas que generan su transformación. Lo que en Kant era un deber moral individual, en Hegel se convierte en un proceso histórico donde la razón se encarna en la sociedad, en el arte, la religión y, finalmente, en el Estado.

Hegel dirá que “todo lo real es racional y todo lo racional es real”, pero no porque justifique el presente, sino porque entiende que cada forma histórica es parte de un desarrollo hacia la autoconciencia y la libertad. La historia, para él, es la realización progresiva de la libertad.

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