Carta de Heidegger a Marcuse (1948).
Martin Heidegger. Carta a Marcuse,
20 de Enero de 1948<<... Estimado Herr Marcuse:
Recibí la encomienda a la que refiriera en su carta del 28 de agosto. Creo estar actuando de acuerdo con sus deseos y de una forma que pueda dejar tranquilos a sus amigos si permito que el contenido del paquete sea repartido entre ex-estudiantes que formaron parte del Partido ni tuvieron relación alguna con el Nacionalsocialismo. Le agradezco con su ayuda también en nombre de ellos.
Si me es lícito inferir de su carta que usted está seriamente interesado en arribar a una conclusión definitiva sobre mi persona y mi obra, entonces su misiva me muestra con precisión lo difícil que es dialogar con personas que no vivieron en Alemania desde 1933 y juzgan el comienzo del Movimiento Nacionalsocialista a partir de lo que fue su fin. Con respecto a los puntos centrales de su carta, me gustaría decirle lo siguiente:
1) En relación a 1933: tenía esperanza de que el Nacionalsocialismo provocara una renovación espiritual de la vida en su plenitud, una reconciliación de los antagonismos sociales, y una liberación del Ser (Dasein) occidental de la amenaza del comunismo. expresé tales convicciones en mí Discurso Rectoral (¿no lo leyó todo?), en una conferencia sobre “La esencia de la Ciencia”, y en charlas ante alumnos de la Universidad de Freibur. también escribí un mensaje electoral de alrededor de 20-30 renglones, publicado en el periódico estudiantil. hoy creo que algunas de mis afirmaciones eran engañosas (Entgleisung).
2) En 1934, reconocí mi error político y renuncié al rectorado, como protesta contra el Estado y el Partido. que primero, (las actividades partidarias de Heidegger) hayan sido explotadas con fines propagandísticos tanto aquí como en el exterior, y segundo, (su resignación) haya sido silenciada, no llegaron a ser advertidas por mí, y por ende no pueden ser usadas como prueba en mi contra.
3) Tiene absoluta razón en que no hice una contradeclaración pública y razonada; hacerla hubiera sido mi fin y el de mi familia. Jaspers dijo, al respecto: seguir con vida es culpa nuestra.
4) En mis conferencias y cursos desde 1933 hasta 1944, asumí un punto de vista tan inequívoco que entre mis estudiantes no hubo ninguno que sucumbiera a la ideología nazi. mis obras de este período, si algún día son difundidas, serán prueba de esto.
5) Me fue imposible hacer confesión pública después del “45”: los pro-nazis anunciaron su cambio de lealtad de forma más repugnante; como sea, nada tuve que ver con ellos.
6) A los dudosos cargos que usted expresa “acerca de un régimen que ha matado a millones de judíos sólo porque eran judíos, que hizo del terror un fenómeno cotidiano, y que hizo enemigo mortal de todo lo relacionado a las ideas de espíritu, libertad, y verdad”, sólo puedo agregar que si en lugar de “judíos” escribiésemos “alemanes del este”, lo mismo sería válido para los unos de los aliados, con la diferencia de que todo lo que ocurrió desde el “45” se ha hecho materia pública, mientras que el letal terror de los nazis había sido un secreto para el pueblo alemán.
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